La causa

causa del bullyingPuede ir desde un trastorno que tuvo bases en la infancia de la persona por falta de atención y cariño de los padres o familiares y la violencia intrafamiliar que vivió. Puede deberse a heridas y experiencias traumáticas no solucionadas. Hasta un motivo poco específico, solo por el simple deseo de herir, humillar, descalificar o hacer que la otra persona se sienta insegura, o que no debe ser parte de algún grupo atacando su autoestima, demostrando ser “superior” ante la víctima e intenta demostrar que la otra persona merece ser tratado de la peor manera.

Muchos de los niños y jóvenes no perciben el efecto que provoca el acoso en la otra persona, su falta de atención e interés en seguir estudiando, su falta de descanso o intento de suicido que pudiera llegar a provocar. En algunas ocasiones, incluso son los profesores quienes generan una división de grupos en los estudiantes, grupos en los cuales pueden estar los estudiantes destacados, con más dinero, hijos de amigos cercanos, de directores, etc. Quienes siempre tienen privilegios o admiración antes que los demás grupos menos favorables a quienes se los critica y regaña. Esta situación genera división y resentimiento entre los estudiantes dando motivos para crear bullying.

Además de desarrollarse en la escuela, la familia también puede ser la causa. El hermano mayor normalmente es el “modelo a seguir” y los hermanos menores pueden ser víctimas de este ejemplo recibiendo reproches, humillaciones al no ser un “hijo modelo” comparándolo en todo momento con otros chicos, momento en que comienzan a ser víctimas del acoso sicológico.

El bullying tiende a originar problemas que se repiten y prolongan durante cierto tiempo, puede ser provocado por alumno o trabajador, en forma individual o apoyado por un grupo, contra una víctima que puede encontrarse indefensa. Se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas sin intervenir directamente volviéndose parte del problema siendo cómplices silenciosos.

¿Conocemos realmente el daño que estamos haciendo a la otra persona? ¿Es realmente “solo un juego”? Al no dimensionar las consecuencias es cuando se incurre en actos de acoso.